I. El gato y el avión
Había una vez un gato que se
encontró un avión. En el avión se encontró unos lentes avioneros y en los
lentes avioneros se encontró las instrucciones para volar el avión.
Después de seguir las
instrucciones, comenzó a volar muy bien.
Volaba tan bien que los gatos de
los techos no dejaban de mirarlo. Parecía que se iba a estrellar con la luna.
Uno de ellos lo reconoció.
__¿Ese no es el gato lector? -preguntó uno de los gatos del techo.
__¡Sí soy yo! -gritó el gato del avión -.
El gato del avión siguió volando
y no se dio cuenta que la gasolina se acababa. Entonces, el avión comenzó a
caer y a caer, y el gato comenzó a gritar y a gritar. De repente el gato se dio
cuenta que en los lentes avioneros había instrucciones para cuando al avión se
le terminara la gasolina.
Así fue como el gato del avión,
sacó un paracaídas y cayó a salvo en el techo donde estaban los demás gatos.
__¿Cómo hiciste eso? -preguntaron
los gatos del techo -.
__Fácil -dijo el gato -. Es que aparte de ser el gato del avión, soy un gato
lector.
II. El nacimiento de un lector
Esta es la historia del nacimiento del gato lector. Obviamente su nacimiento fue un hecho sorprendente. En primer lugar, nació en una biblioteca; en segundo lugar; su madre, una gran gata, pero a pesar de que era una gran gata, no le gustaba leer. Entonces nadie se explicaba por qué, apenas nació, en vez de abrigarse con la piel de su madre, se fue acostar sobre las hojas de un libro, cuya portada era una gata. Solo se levantaba para tomar leche de su madre y después volvía al libro, por eso sus hermanos lo llamaron el gato lector.
III. La primera vez que el gato lector leyó un cuento de
terror
El gato tenía un hábito fuera de
lo común, un hábito diferente a los de sus hermanos: le gustaba leer historias
de terror acompañado de una lámpara. El gato era joven y le encantaba esas
historias. Historias de fantasmas que aparecían y asustaban a las personas en
casa embrujadas.
Su mamá le decía que no leyera
esos libros, pero el bandido gato lector, se escapaba para seguir leyendo.
Una noche, sus hermanos gatos, planearon
asustar a su hermano, así que se pusieron sábanas encima y dijeron buuuuu y el
gato lector se fue corriendo a esconderse debajo del sillón.
Pero eso sí, el gato lector nunca
soltó su libro y siguió leyendo debajo del sillón.

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