miércoles, 20 de enero de 2021

III. El abogado: El viaje, el periódico y testamento

Aurelio soñó que una estatua gigante de un gato lo utilizaba como bola de catnip prensado. Estaba calmado al despertar. Solo había sido un sueño. Había dormido casi todo el viaje en su transportador gracias al Calmivert que le había recomendado Melissa, su veterinaria desde su primera vacuna. Ella era amiga de Martin. Así que él le pidió todo lo necesario para que Aurelio viajara a Toronto sin ningún problema. Aurelio no sabía todos los problemas que implicaba que un gato viajara en avión. Por suerte, estaba Melissa para anticipárselo a Martín. Todas sus vacunas en orden, no darle de comer antes del viaje, medicarlo para evitar mareos y evitar un ataque de nervios y un transportador según las indicaciones de la aerolínea, una colcha, una caja transportadora según las dimensiones que exigía la aerolínea. Ahí no quedaba todo. Melissa le consejo a Martin que, si quería que Aurelio se sintiera como en casa durante el viaje, pusiera en el piso de la transportadora un pañal reutilizable, algunos juguetes, collar con placa, toallitas húmedas; si le daba hambre, que llevara un plato plástico de fácil sellado para que el gato lector pueda comer su comida fácilmente; también debía llevar una cobija y el juguete favorito de Aurelio, el osito de peluche con el corazón que late. Todo eso le ayudaría a viajar tranquilamente.

Y lo había logrado. Solo se había mareado un poco al final, pero nada de qué preocuparse.

Cuando Aurelio abrió los ojos, estaba en un auto rumbo a la mansión de Antoine. Tomó una siesta adicional. Y en un abrir y cerrar de ojos, habían llegado. Martín pagó el taxi, bajó su maleta y luego cargó la transportadora, mientras Aurelio permanecía acostado y miraba la mansión de Antoine. “Es un bello monstruo de la arquitectura”, pensó. No veía de la hora de entrar y explorarlo por dentro. “Aunque, según la historia que me contó Martín de la primera vez que vino aquí, no pudo entrar ni a la sala. No creo que haya razón esta vez para no entrar, si Martin es ya el dueño de todo esto. Tiene derecho a entrar”.

__¿Quieres ya salir? __preguntó Martín alzando la transportadora a la altura de su rostro. Aurelio solo se acomodó más. Ronroneó un poco para que entendiera el mensaje __. Buen chico.

Martin se dirigió a la puerta y tuvo la impresión de que la ama de llaves abría la puerta rápidamente al primer sonido del timbre. Pero en vez de aquella mujer, salió un joven vestido de terno elegante. Tenía un bolígrafo dorado en la mano derecha y un pañuelo blanco en la mano izquierda. Parecía haber estado realizando una labor intelectual muy complicada. Secó su frente y después saludó amablemente a Martín. en un español estándar que le dio la impresión de no ser de Toronto.

__Señor Martín, un gusto conocerlo __dijo en un español bien fraguado que le dio la impresión de no ser de Toronto. No se le notaba al hablar, pero parecía nervioso. Era de las personas cuyo nerviosismo se le notaba en la humedad y frialdad de las manos.     __. Soy Liam Adams, abogado de su hermano Antoine.

__¿Usted fue el que me llamó?

__Sí, señor.

__¿Usted también me envió el periódico?

__¿Lo trae consigo?

__Sí.

__Será mejor que pasemos antes de contarle esta parte del misterio.

Esa palabra se estaba haciendo repetitiva desde que leyó el periódico o quizá la palabra tenía mucho más tiempo: desde que estuvo por primera vez frente a la mansión de Antoine.

__Disculpe __susurró Liam Adams __que no salga algún empleado para ayudarlo con el equipaje, pero lamentablemente la casa está vacía por ahora. Pasemos, por favor. Debe estar cansado. Debe saber antes que estoy dejando todo listo para pasado mañana la lectura del testamento. Mientras tanto estoy para ayudarlo en lo que se le ofrezca. Primero le mostraré su habitación.

Martín escuchaba al abogado como si encontrara en una isla lejana. El epicentro de su atención era el interior de la casa. No podía creer que esté entrando a la mansión después de la desaparición de su hermano. Había belleza por donde se le mirara. Era grandiosa. Aurelio esta vez sí se puso de pie en la transportadora. Percibió un aroma en el aire. “No hay duda. Aquí vivió un gato. Aun se percibe”, pensó el gato lector. “¿Qué les habrá pasado?”.

Liam Adams instaló a Martín en una de las habitación más grandes y cómodas de la casa.

__¿Puede bajar al estudio en cuanto esté listo?

__Puede decirme ahora por qué me envió el periódico.

__Pues tengo que decirle que ese envío del periódico estaba programado desde hace seis mese atrás. el señor Antoine fue claro en sus órdenes. A usted se le enviaría el periódico de la fecha 03 de junio de 2019. Hace seis meses me pareció una excentricidad más de un escritor. Pero cuando se me comunicó la desaparición del señor Antoine no supe cómo tomarlo. Hasta ahora no sé cómo tomarlo. Yo tuve que cumplir por ley lo estipulado por el señor Antoine Arces, porque si no le enviaba el periódico, sería ilegal, la lectura del testamento. Como sabe, la lectura del testamento solo es tras la muerte del testador. En este caso, el declara su muerte legalmente al transcurrir tres días de su desaparición o su ocultamiento como él lo llama en el testamento. Por lo tanto, él pierde automáticamente todo y se lo transfiere a usted. Ahora usted se encargará de dos pendientes del señor Antoine.

__¿Pendientes?

__Pues hay dos personas a las cuales usted tendrá que buscar para cumplir con la última voluntad del señor Antoine.

__Esto es más de lo que esperaba.

__No, señor Martín, el misterio aun inicia. Ahora la policía lo hace a usted principal sospechoso de la desaparición de su hermano, de la ama de llaves, el gato y la estatua de bronce.

__Pero yo no estuve aquí cuando ellos desaparecieron.

__Lo sé. Por eso también estoy aquí, señor Martín. Esto no tiene mucho sentido. Solo hay que basarnos en lo que sí para descartarlo como un sospechoso y asunto arreglado. Además, este caso no apunta hacia ningún lado. Lo dejo para que pueda instalarse.

__Solo una pregunta más.

__Sí, dígame.

__¿Qué sabes sobre la estatua de bronce?

Liam Adams dudó en responder esa pregunta.

__Sobre eso, solo lo sabremos hasta el día de la lectura del testamento. También es un misterio para mí. Bien, señor, si no se le ofrece más. Estaré en el estudio. Permiso.

__Gracias.

El abogado se retiró de la habitación. Martín notó que Aurelio estaba moviéndose insistentemente en la transportadora. Parecía decirle a Martín que lo sacara de inmediato. Había escuchado toda la conversación entre Martín y el abogado, y sentía que la hoguera de la curiosidad ardía incesantemente. ¿Cómo un hombre predice su propia desaparición? ¿Era la desaparición una obra del propio Antoine? ¿O Antoine sabía que su desaparición sería inevitable para el 3 de marzo? Lo que también era inevitable era el hambre. Aunque quería no hacerle caso a su estómago, Martín había asumido de que tendría hambre.

___Toma campeón. Debes estar fuerte para lo que se viene.

Aunque estaba comiendo, Aurelio no dejaba de pensar en el misterio. Martín también parecía estar intranquilo. “Vamos, pensó el gato lector. Dejemos la habitación y exploremos la mansión”. Martin como si adivinara el pensamiento de su gato, dijo:

___Salgamos de aquí e investiguemos.

 

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